HISTORIAS DE CÓRDOBA

HECHO EN CÓRDOBA
EDITORIAL:
EL INTERÉS IMPERIALISTA APUNTA A LATINOAMÉRICA
ARGENTINA EN EL ESCENARIO MUNDIAL. . .

Si analizamos los hechos de la realidad política internacional desatados a partir del 11 de Septiembre del 2001 (atentado a las Torres Gemelas) vemos que la estrategia de Bush significó para el mundo más miseria y muerte que la que provocó aquella trágica jornada adjudicada y reconocida por un grupo terrorista. En realidad ese hecho fue la excusa para que el imperialismo norteamericano se armara hasta los dientes para terminar de destruir Irak, para seguir invadiendo territorios y para buscar nuevos enemigos (léase negociados), justificando de esta manera el aumento del presupuesto para armamento de guerra y toda la logística que le brindan sus aliados de siempre para adueñarse de todo el mundo.
Sin embargo el gigante derrotado en Vietnam sigue acumulando pérdidas de vidas humanas como en el propio Irak que a pesar de ser arrasado por las bombas, tanques y fusiles, sigue resistiendo. O debe acudir a la negociación como en Israel y declarar en este caso la independencia de Palestina, aún cuando no están dadas todas las garantías para este pueblo que luchó durante años. Pierde la votación en la ONU respecto de Cuba y ahora le apareció un nuevo frente en Latinoamérica con Hugo Chávez a la cabeza: Éste a su vez intenta transformarse en el nuevo Bonaparte latino basado en el poderío económico de Venezuela. Fidel Castro, viejo y abatido por sus problemas de salud en apariencia ya no representa un problema para Bush, solo que Cuba sabe lo que le costó llegar a ser un país libre y no entregará su revolución y sus conquistas.
Las elecciones que se desarrollan en los EEUU para suceder a George Bush no hacen más que agudizar las contradicciones del sistema y por ejemplo las encuestas dicen que hasta es posible que EEUU pueda ser gobernada por un representante de la raza negra por primera vez en su historia.
Argentina no es ajena a este proceso y a pesar que el fantasma de la dictadura aparece muy lejano, no es menos cierto que si se complican las cosas en el país del Norte, en el hemisferio sur sufriremos sus consecuencias: El problema energético, la contaminación ambiental, el cambio climático, la pérdida de confianza en el sistema económico imperante, la falta de seguridad, el hambre, la desocupación, la pobreza, etc. son lacras heredadas a la que no vamos a enfrentar con un tibio discurso de nuestros gobernantes sino con la acción decidida de nuestro pueblo. Por que no somos la niña bonita ni los privilegiados del mundo: Solamente somos un país con algunas libertades que debe crecer con el esfuerzo de todos y no debe bajar los brazos hasta no ver plantada la bandera de la dignidad, la igualdad y garantizados nuestros derechos mas elementales: Trabajo, Educación para todos, Vivienda, Salarios Dignos. Y aunque no vivamos en guerra debemos saber que el enemigo se prepara todos los días para vencer, como en Irak, como en Palestina, África y toda la extensión de América que nos incluye, aún cuando estamos en el otro extremo del continente.

El Director
Juan Carlos Cerpa


HISTORIAS DE CÓRDOBA
La Córdoba Religiosa, Poética, Estudiantil, Deportiva, Turística y Revolucionaria

Sur Cultural, que nació en la zona sur de Córdoba capital quiso esta vez realizar un repaso histórico que sirviera de homenaje a todo lo que tiene que ver con Córdoba sacando de la caja de los recuerdos historias, personajes, monumentos, escritores que reflejan a la cultura de esta provincia mediterránea, casi como para refrescar la memoria de nuestros mayores y mostrar a las nuevas generaciones parte de nuestro patrimonio. Es solo un intento: nuestros lectores tienen la última palabra.

CÓRDOBA DE LAS CAMPANAS:
Córdoba de la Nueva Andalucía, fue fundada el 6 de julio de 1573 por el sevillano Don Jerónimo Luis de Cabrera. En el decurso del tiempo quedaron las huellas de su estructura colonial conformadoras del ahora llamado "Centro Histórico" enriquecido por los movimientos religiosos y por su contenido cultural.
Su patrimonio arquitectónico - urbanístico, cuyos testimonios más antiguos datan de la primera mitad del siglo XVII, se conservan como una de las más importantes de América del Sur, encerrado de manera especial en los grandes templos y conventos religiosos y estancias jesuíticas diseminadas por toda la extensión de esta provincia.
La mano de obra aborigen, junto a la de los inmigrantes españoles, italianos y franceses ha dejado construcciones ejemplares entre las que se cuentan el legado jesuítico y las Iglesias nombradas en el hermoso poema "Córdoba de las Campanas" de Arturo Capdevila.


Iglesia Catedral

Eran unas dulces
claras notas finas.
Eran las campanas
de las Catalinas

Eran un canto alado
como de promesa.
Eran las campanas
de Santa Teresa

Eran una voz
diciendo un distinto.
Eran las campanas
de Santo Domingo

Eran una voz mansa
llamando al aprisco.
Llamaban a misa
las de San Francisco

Eran unas voces
de amor hecho sed.
A misa llamaban
las de la Merced

Eran una voz llena
diciendo María.
Eran las campanas
de la Compañía

Eran unas notas
de bronce y cristal.
Con altos acentos
ahuyentando el mal

O Gloria diciendo
con el claro metal.
¡Eran las campanas
de la Catedral!

Serán como risas
cuando rien dos,
rebiques del Huerto
y del Niño Dios.


Manzana Jesuítica

 

LOS ESTUDIANTES:
Abajo de un puente en pleno centro cordobés, y a merced de las crecidas del río Suquía, vive Johana Mercado, de 11 años: la primera escolta de la escuela Grecia de esta capital, y una de las más admiradas desde que un canal de tevé la mostró el viernes en su acto escolar. La pequeña tiene el segundo promedio más alto de su camada, sueña con ser abogada y sabe, con una certeza que impacta cuando se mira el fondo de sus ojos oscuros, que "la escuela es el único modo de salir de todo ésto". ¿Y qué es ésto? Johana señala el cielo protector de un puente sobre el río. O mejor: de un pedacito del puente Maipú, donde "un señor" dejó que la nena, su papá lustrabotas, la mamá y sus otras cuatro hermanitas, se queden "por un tiempo".
Los Mercado fueron cayendo desde la pobreza a la miseria desde un impreciso "mucho tiempo" hasta un certero hoy: abajo de esa construcción que los malprotege del frío, del sol, del viento, de las lluvias. Para ir a la escuela, en barrio Müller, Johana camina treinta cuadras de ida y otras treinta de vuelta. Dice que no le gusta faltar. Aún cuando las zapatillas número 33 pidan tregua por tanto andar, y ambas sean del mismo pie. Luego de tomar el té con pan -"si ese día no nos falta el pan", acota sin autocompasión y sólo como un dato más de la realidad-, Johana hace meteorología antes de ir al colegio: "Miro el cielo para ver si viene tormenta. Si veo que ya llueve, espero a que pase. Pero si veo que me va a dar tiempo para llegar antes de que se largue, me apuro. Meto el cuaderno y la carpeta en una bolsita de plástico, y salgo". ¿Y si te alcanza en el camino? "Me saco las zapatillas y las pongo en la misma bolsita del cuaderno y la carpeta. Y sigo". Y sigue, Johana. La hermosa Johana de pelo negro, brillante, lavado con agua fría aunque sea invierno. La que no tiene ni mochila. Ni cartuchera. Ni Internet. Ni televisión. La que a veces, sólo a veces, duerme en la única cama de la familia. Cuando le toca "el turno". Pero, claro, no siempre. "Ahí tengo una colcha en el piso, una almohada, y me tapo con otra colcha. A veces tengo miedo. Pero es más el frío. ¿Viste que hace llorar el frío a veces?", pregunta. Por suerte es ella la que sigue. Cuenta que le gusta leer. Que una vez hasta encontró "un pedacito" de Harry Potter. Y que como libros no hay, es ella misma la que se escribe sus propios cuentos "cuando hay papel". De ciencia ficción, policiales, de misterio. ¿El último que escribió? "Uno de un policía que busca una perla, pero que no puede encontrarla todavía", sintetiza, con la preocupación de una escritora que aún no ha podido darle el final a su obra. Cuentos que Johana tiene "prohibido" contarles a las hermanitas en la oscuridad de la noche, antes de dormir, "porque se asustan, lloran y tienen pesadillas", interviene la madre. Una mujer de 39 años ajados, y que parece estar a años luz del alma de esa hija que brilla como un diamante aún debajo de ese puente donde el olor de la miseria envuelve al mundo entero. Uno donde por las noches reza para que no crezca el río, y sueña "con una casa digna, con techo y paredes". Y con ser abogada, claro. Pero no porque lo vio por televisión, porque no tiene. Sino porque "una vez le hicieron pasar el parto a mi mamá y murió mi hermanita. Yo quiero defender a las mujeres como ella", murmura. Y otra vez el puñal de esa mirada de insondable inteligencia bajo ese puente que es refugio y a la vez infamia. En el cuento inconcluso de Johana, el del policía y la perla, habría que avisarle a ese pobre tipo que ya no la busque.
Y que la perla es ella.


Con su Familia y su pobreza

Con sus compañeros en el aula

Fuente: Diario Clarín 11/03/07

GENIO Y FIGURA
"EL EXORCISTA"

Homenaje póstumo a Fontanarrosa recordando a un grande del fútbol

Era una pelota, señores, poseída por el demonio. Bajaba desde el cielo, créanme, convulsa, atrapada por el efecto espasmódico contraído por un despeje largo y defectuoso o por un disparo trabado a último momento. Digo más, esa pelota, queridos amigos del viril deporte del balompié, traía consigo dos o tres efectos simultáneos: hacia atrás, hacia adelante y hacia ambos costados. Y gemía, crujía, jadeaba, emitía gorgoteos sobrecogedores. Bajaba, en suma, endiablada, hacia un señor que se llamaba Daniel Willington y que la esperaba parado, casi sobre la línea de fuera, midiéndola con la mirada torva de los que saben.
Era en la cancha de Central y rodeando a Willington, había varios hombres de los nuestros. No intentaron ni siquiera anticipar o intervenir en la jugada. Sabían que esa pelota era imposible de dominar y que el rebote, corto o largo, los favorecería. Willington levantó su pierna derecha con el movimiento lento y acompasado de las garzas, hasta que el pie alcanzó la altura de su propia cabeza. Y la pelota, la trastornada, la rabiosa, la enloquecida, se posó sobre la punta de ese pie derecho para quedar allí, mansa, sosegada, como el halcón que encuentra la mano enguantada de su señor. O, más domésticamente, como el loro que localiza el dedo familiar de su dueño. Así, pegada a la punta de su botín, ya tranquila, ya exorcizada, la bajó casi hasta el piso pero, antes de dejarla tocar el suelo, le dio un golpecito tenue con la capellada, luego otro, y la puso en el pecho de un compañero que estaba a unos diez metros de distancia, por sobre las cabezas de los jugadores de Central.
Recuerdo que se hizo un silencio breve en el estadio y después rompió un aplauso respetuoso, cálido, reconocido, más propio de una sala teatral que de una cancha de fútbol. Ni siquiera sé cómo salimos ese día. Me acuerdo, solamente, de esa pelota que bajó Willington.
...
Fui testigo, asimismo, pasado el tiempo, de cómo el padre Karras expulsaba al demonio del cuerpo martirizado de una niña en "El exorcista". La niña bufaba, se retorcía, vomitaba y emitía aullidos animaloides. Pero, así y todo, les confieso, me impresionó más aquella pelota que bajó Willington. Que no jugaba solo, sin embargo, en ese Vélez campeón del año '68. Había una defensa, al estilo velezano, de gente dura y fornida. Estaba Solórzano, estaba Zóttola. Estaban Ovejero y Atela. Atela tenía la solidez, la expresión prolija y cortante de aquellos que, en solitario y desde las tinieblas, atacaban a James Bond. Marín, el arquero, que también triunfaría largamente en México, revistaba en la línea de los eficientes y tarzanescos, los apuestos, los que bien podrían interpretar al amigo del héroe en una serie televisiva norteamericana mala. En el medio merodeaba Moreyra, un volante alto y habilidoso que mostraba un gran manejo y una particular cabeza esférica y chiquita. En la punta derecha jugaba Luna, un wing absolutamente clásico y formal, de aquellos extremos que disfrutaban de la corrida y el centro como única labor, sin ningún tipo de culpa, antes de que se los empezara a cuestionar y terminaran casi desapareciendo, como los osos panda. Luna era rubio, veloz y vertical. Metía esos centros rasantes y a la carrera, casi sin desbordar al marcador, corriendo aparejado con él, con el chanfle interno de su pie derecho, buscando las cabezas del Turco Wehbe, Carlitos Bianchi o, en menor medida y eficacia, Nogara. Wehbe era un ultraliviano vivo, buen cabeceador y rebotero. Fibroso, agudo, morocho aceitunado, parecía un perfil recortado sobre chapa. De esos goleadores que los relatores deportivos recién identifican cuando salen gritando y reciben los abrazos de sus compañeros tras uno de esos centros rastreros frente a los palos que van a buscar ocho atacantes y catorce defensores. Siempre son ellos, los goleadores, los que la tocaron último.
Bianchi, que por ese entonces asomaba en Primera, tenía otra dimensión, física y futbolística. Más grandote, más pesado, más sólido, era temible lanzado en carrera y podía aguantar con el cuerpo a los adversarios que se le colgaban del cuello o de los hombros. Cabeceaba muy bien y definía con enorme certeza.
Un poco injustamente, aquel campeonato conquistado por Vélez suele recordarse por esa pelota que Gallo, el lateral derecho velezano, sacó con la mano sobre la línea de gol en un partido definitorio contra River, ante la miopía repentina del árbitro Guillermo Nimo. Y no fue una mano cortita, furtiva, el zarpazo invisible de un gato, al estilo de la mano de Dios de Diego Maradona. Gallo se estiró cuan largo es (no lo era mucho) con todo el brazo extendido, para despejar esa pelota que ya entraba, tal como lo registraron algunas fotografías que aparecieron en la revista El Gráfico. Pero, de la misma forma en que no se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano, tampoco se podrá borrar con la mano de Gallo lo que Vélez, en el '68, conducido por el parsimonioso talento de Daniel Willington, escribió con los pies y con el corazón dentro de la cancha.

"No te vayas, campeón"
(equipos memorables del fútbol argentino)
Editorial Sudamericana (2000)